Son los días ese
recuerdo que no habita cerca, pero determina la noción del tiempo, son los días
el comienzo de un mal párrafo, una letra caída, falta de uso.
Pronto llegaran los
peores recuerdos, como dagas que quieren ser metáforas ya demasiado usadas.
De pronto las palabras
vienen a decirte lo que no podías olvidar, se puede decir que ha sido todo un
camino difícil de empezar, una ruta para no querer decir que ha sido buena o
mala, un recorrido que ha sido aparente de no dormir y decidir un dialogo que
no tiene resumen, una encuesta para el olvido, una miseria de escrito que se
llena y llena de palabras. Atrás siempre la espera, el recodo donde los días
están lejanos y distantes, donde la palabra se viene de lado de atrás, como si
fueran momentos ya vividos para vivir, si, algo así ¿Usted lo entiende? Sentado
en una banca de parque sin parque, tal vez sin banca, solo el dolor del sol
cayendo por el nido de lo que ha sido usted.
Entonces sigamos esa
historia, sigue esperando que el paisaje se muestre de nuevo, no podía ser
mejor, ubicado en la tarde de una ciudad por el centro del mundo, con la luz
siempre adelante, y la brisa que rodea los nidos de los pájaros y su poco
silencio.
Me miro de nuevo
siento ese miedo ese silencio que puede ser mortal, esa cadenita que hiere y
sabe mal, ese ardor que no se va por decidir mal.
Pasamos los días y la bienvenida siempre es la
misma, con un color azul que se va dilatando hasta el
negro de la noche.
Pasan las horas, estas extasiado por decidir en
la vida de otros, mientras la tuya espera, solo un poco,
no Arruines queriendo decidir por las buenas
épocas que no truinfaron, solo decide que vas a ponerte mañana, mientras
desnudas el color de los bellos ojos que no pensaste antes de morir en la otra
vida.